(Mi) mundo de la cultura

Tanto he escuchado el mundo de la cultura últimamente, que la maldita expresión de marras me harta, me cansa, me fastidia… Me aburre. Si observáis con calma durante un instante el aire de nuestros cielos, veréis volar la dichosa locución de un lado a otro, como lanzada con ira, con rabia, con dolor hambriento, empujada por gentes que nunca tuvieron hambre, las cosas como son, y pocas veces sintieron el lacerante dolor de la carestía en sus estómagos vacíos. Unos se apoderan de ella, la devoran ansiosos hasta la saciedad, para acabar vomitándola en un mal discurso, como poseídos en una lujuriosa orgía de egos idolatrados en exceso. Otros la lanzan con la indignación del incapaz, del que se sabe falto de talento para hacer y sólo encuentra placer en destruir. Ni unos ni otros.

El mundo de la cultura que yo conozco, el que me rodea, no se pavonea ni saca pecho, más bien al contrario, trabaja, trabaja sin descanso, con la realidad acechante del eterno anonimato, con la orgullosa pasión del Arte en sus venas. Mi mundo de la cultura son los versos de Arantxa Oteo y su Mujer de colores, que te desgarran el alma cada vez; mi mundo de la cultura son los elaborados y elegantes textos de Daniel Dimeco, novelista y dramaturgo, de personajes que parecen querer salirse de las páginas, porque la tinta no es suficiente para ellos; mi mundo de la cultura es la poesía culta y delicada de Carmen Garrido, de quien ya hablé aquí; es el teatro de Concha López, y la poesía con que nos regala los ojos de vez en cuando; es la novela de Francisco Delgado, cuyos conocimientos no podría yo adquirir en cuatro vidas: cultura con barba, digo yo; mi mundo de la cultura son los versos de Esther Mateos (ya espero esa novela de la que hablamos); mi mundo de la cultura son los poemas de Sonia Delgado, con ese olor intimista en una calurosa mañana cordobesa; son los lienzos de Charo Martínez, con esa paleta que sólo ella sabe alcanzar; son las representaciones y la voz de Cristina Castán; las zarzuelas de Bernardo Castán; las literatura joven de José Miguel Valverde; los relatos de Eigual; mi mundo de la cultura son las películas de Carles Torras, que suple la falta de dinero con el talento que desborda; es la música de Aeroplástica, que se está dejando el alma para sacar un nuevo disco; las canciones de Diga 33, con su estilo “ochentero”, porque claro, son de los ochenta; son los versos de José Afonso Madeira, que nos dejó sin aliento hablando de su madre; los versos de Mahop Ma Mahop, profundos y africanos, sublimes siempre; el violín clásico de Carlos (dentro de poco hace un año. Tu música será eterna). Mi mundo de la cultura es el sublime despertar de otros muchos que ahora olvido (me vais a disculpar), seguramente cegado por la rabia y emoción que teclean estas letras por mí en este momento. Porque me da rabia: rabia porque quisiera que el mundo entero conociera su arte, que es mucho. Y también me emociona: me emociona porque sus vidas son arte, y eso es algo muy grande.

Estos son sólo unos ejemplos del mundo de la cultura que yo conozco. Poetas, pintores, novelistas, cantantes, músicos, cineastas… Artistas todos. Talento que surge de su genialidad cultural, de su amor a las artes, sin cámaras ni micrófonos. Ése es, sin duda, el mundo de la cultura, mi mundo de la cultura. Así que

…allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo aquí tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes…

Anda y que les ondulen con la permanén a todos esos otros, que se atraganten lanzándose frases de una punta a otra de la sala, la ciudad o el país. Yo seguiré con los míos; con mis novelas y el teatro; con el cine y la música; con la pintura y la poesía. Con mi mundo de la cultura.