viernes, 1 de febrero de 2019

Empezar un blog


Si empezar un texto, romper el blanco de la página y llenarla de letras con sentido o sentidas, al menos en el momento de ser escritas, es una tarea complicada, imaginad la dificultad de empezar un proyecto de mayor envergadura: una novela, un conjunto de relatos o de poemas, un blog…

Pues en esta circunstancia me encuentro yo, en la de empezar un blog y tratar de darle, en la medida de lo posible, cierta continuidad. No es, ni de lejos, el primer blog que comienzo. Y no tengo ni idea de cuánto durará esta aventura, ni si será la última o simplemente una más. Qué más da. En realidad eso no importa. Ya veremos dónde llegamos y lo que nos depara el destino a mí y a este blog de pacotilla que hoy inauguro.

Empezar un blog en un tiempo en el que lo premiado es la comunicación rápida, la lectura breve, la ingesta desmedida de tuits y retuits, de textos cortos, microtextos que no nos obliguen a prestar atención más de unos segundos antes de saltar al siguiente tema, al siguiente topic, parece ser, desde luego, una aventura abocada al fracaso.

Y en esa circunstancia me encuentro yo. Comenzando un blog que pretende ser un lugar pausado, lento y meditado; donde la opinión se pueda expresar con argumentos, a veces acertados y otras seguro que no, pero sólidos y respaldados por datos, por realidades; donde pueda escribir sobre la amplia e inmensa variedad de asuntos que nos incumben, que nos acechan, nos molestan o, simplemente, nos gustan, pero siempre con la pausa necesaria para meditar antes de rellenar la página en blanco.

Hablaré de política, sí, pero también de actualidad, de literatura, de montaña, de chistes y de asuntos serios, de ciencia y de letras, de humanismo y, si hace falta, de lo humano. Pero siempre desde la tranquilidad, lejos del corsé de 140 caracteres que nos mina, que nos corroe un poquito más cada día, aunque no nos demos cuenta.

Quiero que este blog personal sirva como grito de rebeldía contra la sociedad del ya, del ahora, del consumo rápido de información que tragamos sin digerir y a veces sin plantearnos si es correcta o no, si está respaldada o no, si es sesgada o no. Desde este rincón reclamo nuestra necesidad, que a ratos es ya casi una obligación, de pararnos, de detenernos y analizar la realidad que nos rodea; de utilizar nuestra capacidad crítica para tomar decisiones y para criticar con argumentos meditados; de leer algo más que 140 caracteres o el pie de una foto en Instragram.

Démonos tiempo a nosotros mismos. Que esta sociedad del fast-food y el fast-read no nos convierta en personas fast-think. Necesitamos tiempo para leer despacio, para pensar, para analizar y decidir. De otro modo, otros lo harán por nosotros.

Espero que os guste. Espero encontrar mi hueco entre la vorágine de textos cortos que inundan las pantallas de hoy. Espero saber hacerlo. Espero que todo esto os sirva de algo y, sobre todo, espero que me sirva a mí.

Nos leemos.


Empezar un blog

Si empezar un texto, romper el blanco de la página y llenarla de letras con sentido o sentidas, al menos en el momento de ser escritas,...